Una hoja de ruta para la reconstrucción

abril 5, 2017

Uno de los errores más recurrentes en los desastres ha sido pretender entrar a la reconstrucción sin haber saldado suficientemente las necesidades de ayuda humanitaria. Lo que resulta ser tanto más peligroso si tenemos en cuenta que a las pérdidas cuantificadas habría que agregarle el impacto derivado de la destrucción de los sistemas de agua y saneamiento y de la vivienda sobre la salud de las poblaciones y el de los medios de vida sobre la economía familiar.

hojaEllo no nos inhibe de la conveniencia de iniciar la reflexión sobre la reconstrucción. Aquí algunos aspectos claves:

 La reconstrucción no es un asunto solo del Ejecutivo. Se hace necesario convocar a diversas instituciones de la sociedad civil. Por ejemplo, los colegios profesionales, las empresas privadas, las ONG, las redes de municipalidades e instituciones, los medios de comunicación, las instituciones regionales, entre otras, que pueden contribuir a un consenso y aportar recursos en las regiones y municipios.

  1. El conocimiento y manejo de los riesgos es un requisito básico para la reconstrucción. No se trata solo de zonificar los riesgos, sino de definir entre dos opciones no totalmente excluyentes: a) El manejo integral del riesgo en las cuencas y micro-cuencas o la mera y siempre insuficiente protección de la infraestructura o construcciones. Se hace necesario evitar que se reconstruya en las zonas de alto riesgo, pero algunas de estas zonas no serían tales si se cuenta con un adecuado manejo de los ríos y quebradas. b) Muchas de las viviendas destruidas o inundadas han sufrido afectación por las invasiones de cauces que desvían los flujos. Si se cuenta con estrategias de encauzamiento o medidas de mitigación adecuadas, algunos terrenos afectados ya no se perjudicarán en el futuro.
  2. La reconstrucción no es solo propia de una sola profesión. La reconstrucción implica la experiencia y el conocimiento en campos tan diversos como el de los especialistas en gestión de riesgo, planificadores, sociólogos, economistas e ingenieros.
  3. Revisión de las políticas de ocupación del suelo, diseño de estrategias que frenen la urbanización ilegal amparada en problemas de delimitación territorial, supuestos derechos de comunidades campesinas inexistentes y la corrupción de funcionarios.
  4. Debe ser inclusiva en relación con las zonas rurales y periféricas. Se debe procurar reconstruir con participación comunitaria los locales de uso comunitario (escuelas, postas, locales comunales) y los muros y accesos afectados.
  5. No basta reubicar poblaciones. Es necesario ocupar para otros fines las zonas donde se erradica a las poblaciones, sino serán nuevamente invadidas. Salvo algunos casos relevantes, las inundaciones no han supuesto en colapso de la mayor parte de las viviendas en los asentamientos y quebradas, por lo que la reubicación o reasentamiento del conjunto de las poblaciones afectadas por los huaicos e inundaciones no va a ser posible o por lo menos va a ser bastante complicada en la medida en que habría que reubicar familias no damnificadas
  6. Desencadenar mecanismos de sostenibilidad que impidan que los riesgos sigan incrementándose o se reproduzcan. Indispensable fortalecer la capacidad y gobernabilidad local y regional, la participación de la población y la sociedad civil, mecanismos efectivos de planificación y vigilancia ciudadana y la judicialización y penalización efectiva.
  7. La política de incentivo en base a la combinación de créditos y donaciones es adecuada, pero insuficiente. Requerimos de una política de vivienda y reconstrucción que incluya a los más pobres; esto es, a aquellas familias que no pueden ser sujeto de crédito. El Estado puede transferir recursos a las instituciones que tienen experiencia para la reconstrucción con participación de las familias beneficiarias.
  8. Si bien se hace necesario mejorar la gestión de las empresas de agua y saneamiento y de la infraestructura existente, resulta indispensable que la inversión pública asegure, más allá de las tarifas, un servicio que es de derecho público.
  9. El gran reto para las ciudades, en cuanto a reducción de inundaciones, es contar con adecuadas defensas ribereñas y sistemas de drenaje sostenibles en el tiempo (lo que implica mecanismos para su sostenibilidad, asociados al manejo del territorio).
  10. El tratamiento de los cauces y quebradas debe ser integral combinando conocimientos y tecnologías ancestrales y modernas para la estabilización de laderas (terrazas, andenes, reforestación). Esto ayudará a disip

  ESCRIBE: Pedro Ferradas Mannucci .Especialista en gestión de riesgo de la ONG Soluciones Prácticas