Perú en la cola en energías renovables

marzo 1, 2017

La “energía verde” debe ser una locomotora que asegure nuestra cobertura energética, democratice el servicio, reduzca el impacto medioambiental, genere una nueva industria local y nos suba a esta cuarta revolución industrial que ya empezó en el mundo.

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Erase el 2 de mayo del 2008 cuando el Ejecutivo, mediante facultades delegadas por el Congreso, emitió el “Decreto Legislativo 1002 de promoción de la inversión para la generación de electricidad con el uso de energías renovables”. Con esta normativa se planteó que al término del quinto año de emitido este decreto, la participación de las energías no convencionales alcance el 5% de contribución a la matriz energética.

Han pasado casi nueve años y la participación de las energías renovables alternativas (ERA) en Perú solo alcanzó, en base a información del 2013 del Ministerio de Energía y Minas (Minem), el 2% como fuente de electricidad, frente al 46% de participación de la energía térmica y al 52% de energía hidráulica convencional, pese a que, según estudios y los especialistas del sector consultados, Perú está preparado técnicamente para que las ERA generen el 20% de aporte a la matriz energética.

Así lo refieren Urphy Vásquez, coordinadora de Investigación del Instituto de Ciencias de la Naturaleza, Territorio y Energías Renovables de la PUCP (INTE-PUCP), y Pedro Gamio Aita, académico y consultor del sector energético, dos de los especialistas que han estudiado ampliamente el potencial y las vallas que enfrentan las energías renovables en Perú.

La ingeniera Vásquez afirma que en Perú hay potencial para impulsar la generación de energías renovables alternativas, como la fotovoltaica (solar), eólica (viento), geotérmica (calor de la tierra), biomasa (materia orgánica), mareomotriz (de las mareas y olas) e hidráulica (procedente de los saltos de agua), dado que tenemos recursos renovables abundantes, y las energías fotovoltaicas y eólicas son  las que concentran el mayor potencial.

Potencial poco aprovechado

Urphy Vásquez señala que en el caso de la energía solar tenemos un promedio anual de 5.5 kWh/m2 (kilo watios hora por metro cuadrado al día), lo que implica un porcentaje “muy grande” de radiación solar, que energía fotovoltaica. Considerando que la radiación existe con sol o cielo nublado, este tipo de energía -con mayor manifestación en la zona sur de Perú- está presente durante todo el año. Vásquez añade que en el caso de la eólica, contamos con velocidades de viento que van entre 8 a 11 metros por segundo, lo cual también es un registro alto, y las zonas del norte del país son las que cuentan con las mejores condiciones de viento, por lo que los bosques eólicos están en esas localidades.

Además, según los estudios del INTE-PUCP, nuestro potencial de energías renovables es prometedor, pero poco aprovechado. Así tenemos que la energía eólica tiene un potencial estimado de 69,937 MW (megavatios), pero solo emplea 232 MW; la energía solar cuenta con un potencial de 25,000 MW y solo usa 96 MW, la energía de biomasa tiene un potencial de 900 MW, pero una capacidad instalada de 96; la geotérmica, un potencial estimado de 3,000 MW, pero 0 MW empleados, y la hidráulica, un potencial estimado de 69,937 MW con una capacidad instalada de 2,954 MW.

Si bien la energía hidráulica es considerada una fuente de generación sana, y nuestro país ha empleado predominantemente este recurso para abastecerse de electricidad, lo cierto es que este recurso ya no es sostenible en el país, puesto que según estimados de la Organización Internacional del Agua, Perú sería el único país de Latinoamérica en padecer estrés hídrico (poca disponibilidad de agua en relación a la demanda) permanente en el 2025.

A la cola de la región

Esto significa que si continuamos sin diversificar nuestra matriz energética hacia otras fuentes que tenemos en abundancia (sol y viento, por ejemplo), los pocos recursos hídricos que tengamos tendrán que repartirse entre el consumo humano y energético. Esto significa tarifas de electricidad más caras a nivel local.

Así, no hay mayores razones que amparen el mantener una estructura de producción energética que ofrece pocos beneficios para los peruanos y que nos pone a la cola de los demás países de América del Sur, como Chile, que se han planteado y cumplido metas más ambiciosas de desarrollo de ERA, gozando de ventajas competitivas en materia energética que no tenemos en Perú.

Y aunque lo curioso es que tenemos un D.L. como el 1002 que pretende impulsar el desarrollo de las ERA, la desidia del Ejecutivo en los últimos gobiernos ha impedido que incumpla sus propias metas, que de por sí ya son modestas.

No hay decisión política

Al respecto, el consultor Pedro Gamio, indica que el Estado, vía el Minem, debía revisar que se alcance la meta del 5% de presencia de renovables en la matriz energética en el 2013, y a la vez trabajar un Plan Nacional de Energías Renovables (PNER) vinculado a incrementar ese porcentaje de ERA en la producción energética. Y ninguna de las dos tareas se ha cumplido por falta de decisión política, pese a que es posible, según estudios técnicos, cuadriplicar esa meta.

Gamio Aita comenta que una condición que provoca el lento avance de las ERA en Perú es el hecho de que existiría una sobreoferta de electricidad. No obstante, un porcentaje importante de esta oferta procede de generación térmica con diésel, la que solo debe emplearse como reserva técnica, no en forma permanente, porque al ser onerosa se genera un impacto negativo en la economía.

En cambio ahora las energías renovables han reducido sus costos al punto que la solar alcanzó en diciembre último el valor de US$29 el megavatio (MW) hora, según Bloomberg, casi la mitad de lo que vale la energía de origen fósil (57 MW por hora). Por ello, con las ERA no solo tenemos seguridad energética, sino que es posible producir electricidad a costos competitivos.

Otro factor a tener en cuenta para promover la implementación de energías renovables en Perú es que esta es la única fuente que podría brindar acceso a comunidades aisladas que no tienen posibilidad de conectarse a los sistemas energéticos convencionales. Actualmente, hay comunidades apartadas de Cajamarca que se abastecen de energía solar.

En ese sentido, Gamio observa que desde la primera normativa a favor del uso de las ERA a la fecha, el único cambio positivo ha sido la aprobación del D.S. 020-2013 que promueve el uso de sistemas fotovoltaicos en zonas apartadas. Recientemente, el Estado acaba de otorgar la buena pro (jueves 9 de febrero) a una empresa del sector privado para que brinde el servicio de electricidad a comunidades apartadas.

En cuanto al número de proyectos de ERA que el Estado ha adjudicado, en general hay tres proyectos de producción energética de biomasa, cuatro de producción eólica y cinco de energía solar. En el primer trimestre de 2016 se anunciaron los resultados de la cuarta subasta de energías renovables con la que se alcanzaría, según información del INTE-PUCP, el 5% de participación de las energías renovables para el 2018.

Alternativa nacional

Urphy Vásquez coincide en la importancia de la voluntad política dado que no hay mecanismos estatales que promuevan el empleo de ERA y el desarrollo de capacidades y transferencia tecnológica a nivel local.

Principalmente, las empresas de ERA locales solo se dedican a gestionar los sistemas renovables importados de grandes empresas, pese a que contamos con mano de obra y tecnología de punta; pero la escasa financiación estatal les dificulta competir con empresas extranjeras que tienen procesos tecnológicos más avanzados y con precios más competitivos.

Sin embargo, no basta con tener el recurso. Hace falta convertir a la “energía verde” en una locomotora que asegure nuestra cobertura energética. No vaya a ser que el avance de la tecnología nos vuelva a coger desprevenidos y nos perdamos la fiesta de nuevo.

Escribe: Alejandra Avendaño Alvarado. Comunicadora especializada en temas de sostenibilidad