La cárcel es la mejor maestra contra la corrupción: Centrum

marzo 8, 2017

El doctor Óscar Schiappa Pietra, subdirector de Centrum Futuro de la Pontificia Universidad Católica del Perú, analiza el impacto político y económico de la corrupción y cómo este fenómeno compromete la estabilidad del país. La corrupción es el reflejo de un escenario donde las instituciones son débiles y donde no cumplen sus funciones de prevención, control y sanción, señala Schiappa Pietra, al abordar este fenómeno que sume al país en momentos dramáticos y avergüenza a todos los peruanos.

pietra

La corrupción tiene muchas aristas y ha sumido al país en un drama.

En todo contexto nacional o internacional de debilidad institucional hay corrupción, y ese es el caso típico del Perú, particularmente porque, entre otros factores, tenemos un sistema judicial que es un absoluto desastre y una vergüenza. Quien ya es una persona avezada en la corrupción, sabe que tiene que robar no solo para enriquecerse personalmente, sino para sobornar a jueces y secretarios y conseguir la impunidad. Esta es una situación que debe cambiar.

Ya tenemos un presidente preso y otros dos, posiblemente, en camino a la cárcel.

La gente es corrupta no por imposición, sino por una decisión propia. Ciertamente, la corrupción tiene el poder de la seducción, pero lo que sucede es que en el caso particular de las empresas constructoras brasileñas ha habido un caso de concertación política y empresarial que de un modo absolutamente sistemático y abusivo ha exportado su corrupción a 12 países de América Latina.

Esto demuestra la fragilidad de los “líderes” en cuanto a valores…

Soy un convencido, y hay todo un campo disciplinario del análisis económico del derecho y de la economía institucional que básicamente tiende a concluir que la mejor maestra es la cárcel. Es decir, en el momento en que las personas saben que sus conductas van a generar consecuencias y, en este caso, de privación de la libertad, es recién cuando se alinean sus conductas y recuerdan, por así decirlo, cuáles son los valores básicos en función de los cuales deben desenvolverse. Hay que educar obviamente en valores, eso es cierto, pero lo que finalmente va a ser que esa educación se arraigue en la conducta de las personas es el saber que la trasgresión trae consecuencias.

El tema se ha focalizado en los políticos, pero ¿y el empresariado?

El país espera reacciones de liderazgo y esto está faltando en el sector empresa – rial. No hemos escuchado todavía a los representantes de los gremios empresariales salir públicamente a expresar su indignación y a comprometerse a tomar medidas concretas para, por ejemplo, separar de su interior a las empresas y a los empresarios que estén vinculados en situación de corrupción. El fenómeno de la corrupción no es simplemente un problema del Estado, este es un problema que se ha originado en el sector privado y ha corrompido al Estado.

Hay quienes dicen que AFIN presionó para que continuaran proyectos donde ya habían indicios de sobornos.

No tengo la confirmación si AFIN en particular suscribió esos proyectos y los promovió. AFIN es una organización empresarial que realiza trabajos de lobby y promueve los intereses empresariales para que el país desarrolle infraestructura. Por eso, esta entidad y las demás organizaciones empresaria – les tienen la obligación de asegurarse de que no haya ningún tipo de corrupción asociada a sus acciones y no de – ben ser simplemente pasivos espectadores ante esta situación.

El diagnóstico ya está claro, pero ¿cómo se logra enderezar el país?

Aquí el sistema de administración de justicia tiene un rol fundamental e in – eludible. Los esfuerzos para reformar el sistema de justicia han demandado cientos de millones de dólares, pero todas estas iniciativas han resultado en un gran fracaso porque el tema fundamental es que la corrupción está dentro del propio sistema judicial y es allí donde debe ser atacada, porque más bien tiende a crecer. De no ser así, puede quitar la convicción democrática a los ciudadanos, por – que si todos nuestros presidentes, desde que se restauró la democracia, están involucrados en situaciones de corrupción, la gente se preguntará, entonces, qué sentido tiene esto.

¿Hay experiencias de cómo enfrentar esto?

 El Perú tiene experiencias de reforma institucional muy exitosas, como fue la importantísima reforma por la administración tributaria. Esta es una de las grandes reformas de toda la vida republicana. Hasta antes del año 1992 nadie tomaba en serio pagar impuestos, pero eso cambió radicalmente, y es ahí donde encontramos las respuestas de cómo debemos hacerlo. La reforma de la administración tributaria demuestra que sí existen herramientas y mecanismos para lograr esos objetivos, por eso ahora somos mucho más responsables y cumplidores con nuestras obligaciones tributarias.

 Las consecuencias políticas podrían verse en 2018, que es un año electoral…

 Sin ninguna duda que traerá consecuencias. En las elecciones de 2018 (para gobernadores regionales y alcaldes) se va a repetir el proceso de las elecciones subnacionales anteriores con el triunfo de movimientos espontáneos, pero el peligro real se verá en 2021 cuando los peruanos tengamos que elegir a un nuevo presidente y parlamentarios. Hay sectores de la población que públicamente piden ‘que se vayan todos’, porque la ciudadanía no ve a líderes honestos y con visión estratégica. Esto es un peligro.