Convemar duerme el sueño de los justos (Opinión)

marzo 10, 2017

Nada nos debe distraer, pues lo que está faltando es la decisión histórica del Estado peruano de incorporarnos al mayor instrumento de los océanos del que son parte 168 Estados del planeta. Ojalá que el nuevo Gobierno del Perú lo haga.

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Hemos reiterado con vocación y convicción la necesidad de que el Perú adhiera a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar) de 1982, dado que es el único instrumento jurídico internacional universalmente reconocido que hará valer nuestros derechos e intereses en todo el espacio oceánico. Las ventajas de la referida adhesión son enormes para nuestro país -no es objeto de este artículo reiterarlas-, que ha sido determinado por la naturaleza en su calidad geopolítica como un Estado marítimo.

En efecto, su calidad geográfica ha afirmado el principio del derecho internacional denominado “Tierra domina el Mar” o principio de adyacencia que es la base de los derechos que le asiste en su proyección hasta el límite exterior de las 200 millas, siempre según la forma de su costa y donde nuestro país ejerce soberanía y jurisdicción sobre los recursos vivos y no vivos.

Atrás quedó la tesis de asumir el mar como un espacio de seguridad militar dando paso a partir de los años 40 del siglo XX a la aprehensión de los océanos como un espacio eminentemente de naturaleza socioeconómica al privilegiar el impacto de los recursos vivos para la subsistencia de las poblaciones de los Estados costeros.

Esa fue la tesis de la soberanía modal desarrollada por el eminente internacionalista sanmarquino Alberto Ulloa Sotomayor que pocos quieren entender. Ulloa nos recordó que sobre el mar no existe la posesión, como sí sucede en el territorio continental, por lo que es absurdo sostener que el Perú haya tenido un mar territorial de 200 millas como erradamente lo creyó el Patricio José Luis Bustamante y Rivero.

La tesis de Ulloa reconocía la soberanía del Estado costero sobre los recursos vivos y no vivos, y nunca sobre las aguas en las que se consagró desde tiempos remotos el principio de la libertad de navegación internacional y que en el artículo 54° de la actual Constitución del Perú denominamos libertad de comunicación internacional.

MAR TERRITORIAL

Hay quienes absurdamente hasta ahora, ya en pleno siglo XXI, creen que la Convemar recorta nuestras 200 millas y están confundidos o quieren confundir a la gente. Nunca hubo en la historia del Derecho del Mar, fue un mar territorial de 200 millas, tampoco en la literatura jurídica oficial del Perú. Lo que registra la doctrina fue un mar territorial de 3 millas que era la distancia hasta donde llegaba el tiro del cañón. La Convemar, considerando que el mar territorial –espacio contiguo o pegado al continente reporta el criterio de seguridad militar donde existe la figura del paso inocente o inofensivo, ha considerado el espacio de mar territorial hasta las 12 millas, es decir, mucho más de lo que fue considerado en el antiguo Derecho del Mar.

En 200 millas el Estado costero es plenamente soberano sobre los recursos que es lo relevante, de allí que la Convemar consagra que los Estados tienen capacidad para decidir cuándo, cuánto, dónde y cómo se pesca. La polarización del tema de la Convemar y su situación altamente sensible son flagelos de los que no hemos podido escapar a lo largo de estos 36 años de ausencia en el tratado.

Debió hacerse hace ya largo tiempo. El debate jurídico está agotado y no se ha logrado la incorporación por una manifiesta demagogia de algunos que buscan confundir a la opinión pública haciéndola creer que se recorta el Mar de Grau. El Perú ya ha invocado y de hecho aplica de modo consuetudinario la propia Convemar.

Algunos dicen que este no es momento pertinente. Desde hace más tres décadas seguimos diciendo lo mismo. ¡Qué vergüenza! Chile sí es parte de ella y astutamente ahora nos presiona para hacerlo. No se dan cuenta que Chile aprovecha que el asunto de la adhesión genera debate en el país para desestabilizarnos en nuestros intereses marítimos, lo que después del fallo deberíamos haber empoderado, pero no ha sido así. Divide y reinarás es la estrategia chilena, y por eso condiciona deliberadamente la firma de la Convemar para hacernos creer que solo así el fallo será acatado plenamente. Ese es un completo error en el que estamos cayendo por dos razones: primero, el fallo nunca jamás se hizo en base a las normas de la Convemar.

SENTENCIA

La Corte emitió una sentencia inspirada en los principios del derecho internacional consuetudinario, cuyas reglas son superiores a las del tratado de 1982; y, en segundo lugar, el fallo ya está plenamente vigente y ejecutado. Lo estuvo desde el propio momento en que concluyó la lectura de la sentencia.

Todo lo demás que está faltando, como es el registro de las coordenadas geográficas del punto de la delimitación marítima en la ONU ubicado por Perú y Chile conforme la sentencia establecida por la Corte, la publicación de la cartografía marítima chilena –Perú ya lo hizo- y la adecuación del derecho nacional, también al fallo –también ya lo hicimos-, son pre – textos de Santiago sobre los que no podemos quedar inertes. Nada nos debe distraer, pues lo que está faltando es la decisión histórica del Estado peruano de incorporarnos al mayor instrumento de los océanos del que son parte 168 Estados del planeta.  Ojalá que el nuevo Gobierno del Perú lo haga.

 

ESCRIBE: Miguel Ángel Rodríguez Mackay. Internacionalista. Presidente del IPEDIRI